Juan Carlos Martínez, secretario general de UTHGRA Jujuy, no limita su crítica al PJ provincial. Su diagnóstico alcanza a todo el arco político jujeño: oficialismo, oposición y fuerzas tradicionales padecen, según su mirada, una misma enfermedad —verticalismo, rosca, cierre de estructuras y perpetuación de dirigencias— mientras trabajadores, jóvenes y ciudadanos comunes quedan afuera. En ese escenario, Trabaj.AR aparece como una posibilidad de reconstruir participación desde abajo.
El surgimiento de Trabaj.AR a nivel nacional está ligado al Movimiento Nacional Sindical Peronista y al impulso decidido de Luis Barrionuevo, quien convirtió su histórica representación sindical en una apuesta política más amplia. La idea es clara: si el trabajo, la producción y las organizaciones sociales fueron desplazados de los espacios de decisión, deben volver a tener una herramienta propia. Ese compromiso, que Barrionuevo presenta como irrenunciable, busca recuperar una vieja centralidad del justicialismo: que la política vuelva a mirar al trabajador, al que produce, al que genera empleo y al que sostiene con esfuerzo cotidiano la economía real.

Martínez recoge esa bandera en Jujuy, pero su crítica no está dirigida únicamente al peronismo. Para él, todo el arco político provincial ha terminado reproduciendo patrones semejantes. El oficialismo administra poder desde estructuras verticales; los partidos opositores relevantes repiten lógicas cerradas; y buena parte de las fuerzas menores se transforma rápidamente en círculos donde unos pocos deciden candidaturas, discursos y estrategias. En todos los casos aparece el mismo resultado: el ciudadano participa poco, las bases son convocadas cuando hay elecciones y la conducción se concentra cada vez más arriba. La política, en vez de ampliarse, se achica.
El PJ jujeño ofrece un ejemplo particularmente crudo de esa crisis. Carolina Moisés conduce Generación Valiente y Carlos De Aparici aparece como candidato a presidir el partido, encaminado a quedar como única lista oficializada. Sin embargo, cuando la propia Moisés reivindica para sí el control político del sello, inevitablemente desvaloriza al dirigente que su espacio propone formalmente para conducirlo. Del otro lado, figuras históricas que ya ocuparon la presidencia partidaria buscan conservar o recuperar influencia. Para Martínez, esta disputa expone algo más profundo que una interna: la dificultad de todas las estructuras para permitir un verdadero trasvasamiento generacional.




